Amigos del chocolate

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El chocolate nos encanta y en las fiestas o para desayunos y meriendas, es una tentación que hace muy difícil resistirse a su exquisito sabor. Todos los que apreciamos el chocolate sabemos bien que es muy difícil mantenerse en los dos cuadraditos que nos habíamos impuesto con el fin de procurarnos un pequeño placer. Lo más probable es que después de saborear los dos primeros, nos sintamos atraídos como por arte de magia por los pequeños dados marrones, aparentemente inofensivos.

Según los expertos, esta pasión irresistible por el chocolate -ó más exactamente por el cacao que contiene- se debe a que posee una sustancia excitante, la feniletilamina, cuya composición química es vecina a la de las anfetaminas, capaz de estimular la actividad general y el tono intelectual. Aunque esto no es chocolatemanía, que podemos tener algunos, porque la tendencia exclusiva de su consumo afecta más a los amantes del chocolate negro amargo, y no a los aficionados al chocolate con leche, que de hecho, pueden estar atraídos por el azúcar más que por la pequeña proporción de cacao que lleva. Dicen algunos investigadores y expertos que es necesario consumir un mínimo de 100 gr. de chocolate negro al día, durante tres meses, para estar considerado como un adicto o chocolatemaníaco.

Aunque poco a poco diremos muchas cosas, los “Amigos del chocolate” queremos incidir en dos bien claras y a veces mal divulgadas: el chocolate no aumenta las tasas de colesterol en sangre, porque su contenido en colesterol es mínimo, 1,3 mg. por 100 g., y además la manteca de cacao contiene ácido oleico – como el aceite de oliva- que hace descender el llamado “mal colesterol” sin modificar el “bueno”, que protege nuestras arterias; la otra hace referencia a un hecho poco divulgado, porque el chocolate se opone al envejecimiento debido a que contiene cobre y epicatequina, un tanino presente en el té.

Otra cuestión, esta dolorosa para los amantes del chocolate, hace referencia a lo que se ha llamado “chocolate enfermo de cacao”, porque la U.E. ha dado luz verde a la presencia de grasas extrañas en el chocolate hasta un 5 por 100, y esto no nos gusta y lo diremos muchas veces. Países como Gran Bretaña e Irlanda, admitían sobre todo en el chocolate con leche, la presencia de grasas como aceite de palma, manteca de karité y derivados de soja, entre otros, y como decimos, la Unión Europea ha unificado la medida y permite que todos los países puedan elaborar su chocolate con los ingredientes establecidos. Se ha dicho que estas grasas ajenas mejoran el sabor (sic), y no nos lo creemos. Nos gusta el chocolate que lleva sólo cacao, manteca de cacao y azúcar, y eso esperamos que hagan muchos fabricantes.

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Finalmente, en esta justificación de cariños, uno especial para esos pequeños placeres que se llaman bombones, pueden practicarse en público y, como dicen algunos malignos, hasta delante de la madre sin riesgo de quedarse embarazada (permitidnos ésta pequeña bobada). Los bombones son el símbolo por excelencia del regalo en todo el mundo, excepto en Ásia, donde el chocolate no ha cuajado salvo la tradición española dejada en Filipinas. Los mayas perfumaron su chocolate con vainilla y los aztecas con frutos exóticos, pero quien le dio “glamour” fue Joseph Draps, que cogió unos trozos pequeños, los dio forma y los metió en una caja de lujo adornada con lazos, flores, platas y fantasía. Había nacido Godiva, uno de los bombones más representativos del mundo primoroso del chocolate. Esperamos que ellos y otros sigan haciendo los bombones como siempre: artesanales y sin grasas extrañas.

Los “Amigos del chocolate”, después de este preámbulo obligado de placeres y reivindicaciones, nos proponemos reunirnos “de vez en cuando” a nuestro gusto, hablar del chocolate mejor bien y si hace falta mal, no hablar de política que no hace al caso, hacer amigos y amigas con ilusiones comunes, recibir y dar información sobre el chocolate, viajar cuando convenga a los centros chocolateros, divulgar recetas, coleccionar curiosidades, etc., y sobre todo, querernos alrededor del chocolate. Para ser felices estamos dispuestos a comer chocolate que ofrece salud, y a tener mala memoria.

 

 

 

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