Chocolatemanía

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El chocolate, millones de personas son adictas a esta “droga” invencible. Nos encanta y en las fiestas o para la merienda es una tentación que hace muy difícil resistirse a su exquisito sabor. Todos los que aprecian el chocolate saben que es muy difícil mantenerse en los dos cuadraditos que uno se había impuesto con el fin de darse un pequeño  placer. Lo más probable es que después de saborear los dos primeros uno se sienta atraído como por arte de magia por estos pequeños dados marrones, aparentemente inofensivos.

Pero esto no es chocolatemanía, porque la tendencia exclusiva de su consumo afecta más a los amantes del chocolate negro amargo, y no a los aficionados al chocolate con leche, que, de hecho, están atraídos por el azúcar que contiene y no por la débil proporción de cacao que lleva, y porque de acuerdo con estudios realizados por nutricionistas es necesario consumir un mínimo de cien gramos de chocolate negro al día, durante tres meses, para estar considerado como adicto o chocolatemaníaco.

Según los expertos esta pasión por el chocolate – o más exactamente por el cacao que contiene –  se debe a que posee una sustancia excitante, la feniletilamina, cuya composición química es vecina a la de las anfetaminas, capaz de estimular la actividad general y el tono intelectual.

Pero ¿qué es el chocolate, capaz de crear adicción?

Para comenzar habría que hacer referencia al cacao base principal de este alimento originario de México.

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Colón lo menciono en el relato de su viaje al Nuevo Mundo y Hernán Cortés descubrió grandes plantaciones de habas de cacao que los indígenas utilizaban como una bebida muy estimulante y nutritiva, aunque el chocolate de los mexicanos se componía de cacao tostado, harina de maíz, pimienta y otros elementos que le daban un gusto extraño.

No obstante, los españoles, una vez acostumbrados, difícilmente podrían prescindir de su consumo. Fue a principios del siglo XVI cuando se introdujo en España, se le añadió azúcar y se convirtió básicamente en lo que hoy es el chocolate.

Muy rico en azúcares y grasas, rico en vitamina A y B, es una fuente importante de minerales como potasio, magnesio, calcio y hierro, apenas contiene un 5% de proteínas y 100 gramos del producto equivalen a 500 calorías. Pero por otra parte, consumido, como se dice de algunos medicamentos, con moderación, el chocolate es una caja de sorpresas.

Es un estimulante físico y psíquico de primer orden. En efecto, extraordinariamente rico en magnesio y teobromina, el primero una sal mineral que actúa contra la fatiga, mientras la teobromina es una sustancia rara, estimulante alcalodide parecida a la cafeina, tiene virtudes extraordinarias.

Al igual que la cafeína, estimula el cerebro y ayuda a recuperar la astenia cerebral. También contiene dos aminoácidos preciosos: el triptófano y la fenilamina. El triptófano  se transforma en nuestro organismo en serotonina, sustancia que juega un papel importante en el grado de humor y euforia de las personas, siendo conocido que las personas tristes y deprimidas tienen tasas bajas de serotonina en su organismo; la fenilamina, según estudios norteamericanos, es una especie de droga natural que segrega nuestro organismo cuando estamos eufóricos y amorosos.

Tipos de chocolates

El chocolate negro es el más amargo porque contiene mucho cacao, hasta un 50%, casi un veinte por ciento de grasas y el resto de azúcar, aunque es el más digestivo, rico en potasio (550mg) y magnesio (300 mg); con leche es la variedad más popular, con 30% de cacao, 23% de grasa y mucho azúcar (45%), y el más rico en calcio (215 mg).

El mixto, que lleva avellanas, nueces, pistachos, etc., contiene un 25% de cacao, menos de azúcar que los chocolates negros y casi un cincuenta por ciento de grasas, por lo que no hay que abusar.

El cacao puro para pastelería, no azucarado, aporta unas trescientas calorías y es el más amargo.

Los solubles están elaborados a base de cacao desgrasado, azúcar y diversos aromas (canela, vainilla), aportan unas cien calorías por cien gramos y resultan un desayuno tonificante y reconstituyente si no se toma en exceso.

El chocolate blanco, mezcla de manteca de cacao, mucha azúcar y leche, no es apropiado para la cocina porque es difícil de difundir y tiende a formar grumos; finalmente, los bombones, en cualquiera de sus presentaciones (licor, avellanas, crema, pistachos, guindas), tienen parecido valor calórico, debiendo saber que un bombón de 10 gramos equivale a 90 calorías, por lo que dos al día son suficientes.

Sería injusto hacer referencia exclusivamente a sus cualidades, sin reconocer al chocolate algunos defectos. Se le reprocha producir dolores de cabeza a causa de que contienen tiramina al igual que los vinos blancos, algunos quesos fermentados y ciertos alcoholes.

Algunas personas son alérgicas al chocolate, aunque ello parece estar más cerca de la autosugestión, y lo mismo se puede decir de las llamadas crisis del hígado, que parecen más un invento, como el de los huevos.

Es, por el contrario, justo reconocer que no conviene a los obesos, a los enfermos de úlcera duodenal o de gastritis, por necesitar el chocolate más ácido clorhídrico para su digestión, en las hiperlipemias (colesterol alto, lípidos totales, triglicéridos), así como a los enfermos de diabetes.

Debe guardarse envuelto en sitio fresco, oscuro y sin humedad, conservándose así unos seis meses, y si le sale un velo blanquecino al estar guardado en lugar muy caluroso, conviene fundir el chocolate y se puede utilizar.

 

 

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