Dos vasos de vino en la comida tonifican y activan la circulación sanguínea (2ª parte)

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Las Virtudes de los Polifenoles del vino

El doctor Renaud no niega los efectos beneficiosos de todas las bebi­das alcoholicas tomadas en dosis moderadas, pero advierte que las propieda­des del vino son muy superiores gracias a las numerosas sustancias que con­tiene y, en particular, a los polifenoles. Bajo este término se agrupan los flavoniodes, antocianos, taninos y procianidinas, todos ellos favora­bles para la salud, y el resveratrol, una sustancia descubierta reciente­mente. El resveratrol es similar a un principio activo con propiedades hipolipemiantes, es decir, hace bajar las grasas de la sangre.

Los polifenoles tienen múltiples propiedades preventivas: acción an­tiespasmódica a nivel intestinal, activación de la secreción biliar, ac­ción digestiva antibacteriana, efecto antihistamínico que atenúa las reac­ciones alérgicas, protección frente a las cataratas, protección de las pa­redes arteriales fortaleciendo el colágeno y la elástina que las forman, actividad antioxidante en la lucha contra los radicales libres que favore­cen el envejecimiento prematuro de los tejidos, la aparición de lesiones en los vasos sanguíneos y la aparición de ciertos tipos de cáncer.

Esta acción preventiva antioxidante es fundamental y, en principio, más poderosa que la producida por las vitaminas C y E. El interés por el estudio de los polifenoles entre los científicos en este momento es tan grande que el INA francés ha formado en Narbona un equipo multidisciplinar de estudio llamado grupo polifenoles, que se interesa en poner a punto medicamentos anticancerígenos y antivirales a partir de extractos de la uva.

El vino aporta también minerales y oligoelementos

Que tienen una ac­ción catalizadora, es decir, que a pequeñas dosis provocan reacciones quí­micas favorables. Entre ellos hay que citar el cobre, que evita el desarro­llo de las micosis; el magensio, que lucha contrael estrés; el zinc, que mejora las defensas inmunitarias; el litio, que equilibra el sistema ner­vioso; y el calcio y potasio, que garantizan un buen equilibrio iónico y eléctrico a nivel de las membranas celulares.

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En base a estas cualidades, un experto, el Doctor Maury, ha escrito un libro muy curioso titulado “Les vertus therapeutiques du vin” (Las virtudes terapeuticas del vino). Aunque para muchos científicos se trata de una obra exagerada, puede que el futuro le dé la razón.

Otro aspecto también interesante es su riqueza en fibras insolubles como la celulosa y las solubles como la pectina, que todavía no están muy bien estudiadas. Las fibras juegan un papel muy interesante desde el punto de vista de la salud a la hora de “empujar” la masa intestinal y lo que no es menos importante, a la hora de impedir la absorción de una parte de los glúcidos y lípidos de la comida. Y aún más, una bebida de 10 o 12 grados de alcohol, como el vino, estimula las secreciones del estómago y mejora la digestión, mientras que los alcoholes de 20 grados o más chocan con los jugos gástricos y les impiden desarrollar su actividad. Poca cosa positi­va, por tanto, puede aportar un aperitivo que lleve ginebra, whisky o vod­ka.

En los diabéticos, si tienen costumbre de tomar vino, uno o dos va­sos no perturban el efecto glucémico. Por el contrario, creer que el vino da fuerzas o comenzar a tomarlo sin hábito, no tiene sentio. Como tampoco lo tiene que comience a beber aquel que no ha bebido nunca. Dentro de la dieta mediterránea, en la que entran frutas, verduras, pescado,aceite de oliva, quesos de oveja y cabra, carnes de cerdo y cone­jo, frutos secos y legumbres, el vino es un ideal dietético.

 Dos vasos de vino en la comida tonifican y activan la circulación sanguínea (1ª parte)

 

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