El ajo, medicina milenaria (1ª parte)

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La historia del ajo ha sido siempre fascinante, respaldada por fobias y filias tanto de aquellos que lo odian y no creen en su valor culinario o cientifico, como las de otros entusiastas que lo aceptan sin pestañear. Los anglosajones como todos los pueblos que no incluyen ajo en su cocina tradicional, son muy críticos con su olor, y a veces aceptan que el ajo tiene valores como medicina, pero no como condimento, mientras la cocina mediterránea lo acepta e incluye en sus comidas desde hace mas de 6.000 años.

A pesar de su olor característico, “ que no abandona “, siempre fue muy apreciado por las clases trabajadoras poque consideraban que les ayudaba a soportar mejor los trabajos duros, e incluso se tiene conocimiento de la primera huelga de la historia, cuando los obreros de una piramide egipcia se rebelaron por no recibir cantidad suficiente de ajos y cebollas en su dieta cotidiana. Hoy sabemos científicamente algo que ya imaginaban los antigüos: el ajo aumenta la resistencia y capacidad de trabajo cuando se consume con frecuencia.

Los componentes del ajo son muchos

Desde vitaminas A, grupo B y C, enzimas, sustancias con actividad hormonal masculina, femenina, saponinas, trazas de yodo y azufre hasta el que se considera el componente basico, una sustancia llamada Aliina, elemento azufrado responsable de buena parte de sus efectos medicinales, pero tambien de su inefable olor, que dió a conocer el doctor suizo Arthur Stoll, ganador del premio Nobel.

La aliina es el componente del que deriva una sustancia activa, la alicina, que frente a una enzima, la aliinasa, que contiene el propio ajo, se transforma en el ajo crudo en un componente benéfico para la salud, el disulfuro de alilo. Cuando comemos ajo crudo hay que distinguir entre el olor inicial que aparece en la boca y en el estómago, olor fuerte, y el característico que aparace despues de ser digerido y absorbido por el intestino, pasa a la sangre, desprendiendo el disulfuro de alilo a traves de los pulmones y la piel. Las conocidas capsulas de ajo, evitan el primer olor, pero no el segundo, lo que es buena señal de que sus componentes han llegado a su destino.

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Los estudios que se presentaron en la Universidad libre de Berlin, se centraron en dos aspectos que ocuparan a los investigadores, el cancer y las enfermedades cardiovasculares, aunque otros como el aporte tónico para personas fatigadas o estresadas, o algunas enfermedades respiratorias, hemorroides, caida del cabello, depurativo, antiseptico y bactericida y vermífugo estan en el mundo de las recomendaciones. Unos cientificos de Texas han encontrado, datos que muestran al ajo como un elemento eficaz contra el desarrollo del cancer de esófago, colon, cancer de mama, piel y pulmon, trabajando con ratas, potenciando el sistema defensivo-inmunitario, que dispone de linfocitos B y T , macrogafos, anticuerpos,interferon etc. para combatir a virus, bacterias y hongos dañinos para nuestro organismo, previniendo dicen contra la formación de células cancerosas.

En estudios realizados por el equipo del Prof. Abdullah (Florida EE.UU) se observó que el ajo crudo estimulaba las celulas defensivas efecto que se pierde cuando el ajo se come frito, cocido ó hervido. En el simposium se citaron númerosos trabajos, publicados en revistas de prestigio en relación a cancer de vejiga y piel, el Prof. Gromwald anunció que en diciembre aparecerá un volumen que recopilara en inglés toda la información actual en relación al estudio del ajo, con más de 4.000 referencias.

El ajo, medicina milenaria (2ª parte)

 

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