Vino tinto, un placer saludable

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La Biblia dice que “el vino fue creado para alegría de los hombres”, Hipócrates, padre de la medicina, enseñaba “el vino es cosa maravillosamente apropiada si, en salud como en enfermedad, se le admite con tino y justa medida”, Cervantes dejó escrito que “el vino que se bebe con medida, jamás fue causa de daño alguno”, Grande Covian opinaba “yo utilizo el vino como un componente más de una dieta alimenticia que, según he difundido siempre, debe ser lo más amplia posible. Ser abstemio por una simple autoimposición, sin ningún  aspecto médico que lo justifique, no tiene sentido” y en nuestros tiempos Velentín Fuster dice “El vino puede ser bueno para el corazón, pero también puede ser malo. Todo depende de cuanto se beba y como lo beba”.

El vino es el zumo fermentado de la uva, nació como uva cultivada en la Antigüedad (7.000 – 5.000 a. C) en el Caúcaso, y posteriormente Baco descubrió que el jugo macerado de la uva era un líquido excelente para el alma con grandes virtudes para el cuerpo. El vino se extendió sobre todo por Francia, Italia y España y ha formado siempre como parte importante de la dieta mediterránea y hoy se cultiva y bebe en casi todos los países del mundo. Bebemos unos 25 litros persona y año, poco cuando hace unos años estábamos en 60 litros, por detrás de Francia que nos supera con 52 litros y lo hacen mientras comen. Por cierto los franceses, después de los estudios del Prof. Serge Renaud (INSERM, de Burdeos y Lyon) en lo que se llamó “paradoja francesa”, tienen tasas de colesterol en sangre elevadas, comen muchas grasas saturadas (mantequilla, queso) unos índices de mortalidad cardiovascular más bajos del mundo.

Renard llegó a la conclusión y así se aceptó por la ciencia, que el vino era la causa positiva del fenómeno epidemiológico. Lo mismo se pudo decir del mosto tinto de uva sin fermentar, que guarda las virtudes.

¿Qué tiene el vino para ser saludable?

Los polifenoles y flavonoides, pero los estudios de Renaud estimularon a la comunidad médica internacional y se descubrió el resveratrol que presentó Pezzuto en unas jornadas que participamos nosotros con FIVIN en Madrid, y también que no es un solo fitoquímico, sino la acción sinérgica de varios: el alcohol, los flavonoides fenólicos y el resveratrol, y dentro de los flavonoides la quercetina y rutina. Las investigaciones de Pezzuto en la Universidad de Illinois establecieron que el resveratrol tiene propiedades anticancerígeras y en éste sentido la Asociación Americana del Cáncer, dice que reduce ésta enfermedad hasta un 20 por ciento.

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Eleva el colesterol bueno HDL y hace bajar el malo LDL. Los polifenoles del tinto inhiben la síntesis de endotelina-1 un factor de riesgo que produce arteriosclerosis. Las personas que beben vino tinto tienen menos riesgo de sufrir Alzheimer, debido a las propiedades de los flavonoides y el resveratrol. Reduce la presión arterial aumentando la sangre en las coronarias y en el cerebro. Aporta magnesio que reduce el estrés, zinc que mejora las defensas, calcio y potasio, litio bueno para el sistema nervioso y hierro contra la anemia. Todos de acuerdo que los efectos positivos del vino sólo se producen cuando no se superen los dos vasos diarios, uno en comida y otro en la cena. Si se bebe, con mucha moderación. No vale pasar sin beber toda la semana y tomar el sábado una botella y el domingo otra. Además, el vino tinto ha entrado por otras dos formas de llegar al consumidor: en los spa, llega a la belleza a través de productos cosméticos derivados, cuya función es hidratar, descongestionar y nutrir la piel; y la farmacia que ofrece vid roja en cápsulas para mejorar la circulación sanguínea, resveratrol para la renovación celular, polifenoles de pepitas de uva, y otros. Una maravilla el vino tinto pero siempre con tino.

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