La nueva dieta mediterránea (2ª parte)

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La nueva dieta mediterránea. Las indicaciones de los expertos sugieren: más consumo de cereales mejor integrales, pan, patatas y legumbres, que sirve para moderar los excesos de proteínas y grasas, reequilibrando las fuentes de energía; más fruta, que está siendo sustituida por néctares, refrescos y zumos enriquecidos e incluso por yogures de fruta, debiendo volver a consumir manzanas, peras, uvas, melocotones y naranjas, a las que se unen otras bien acogidas como la piña, el kiwi o el aguacate; más vegetales crudos en su estado original, puerros, berza y coliflor, acelga, ajo, berenjena, cebolla, espárrago, endibia, lechuga, guisantes, tomate, perejil…, y por ello ensaladas y platos de verduras preparados con aceite de oliva.

La nueva dieta mediterránea

Más frutos secos como nueces, almendras, avellanas, pasas, higos, una afición vieja en el Mediterráneo; menos, mucho menos grasas, que llegaban tradicionalmente a través del aceite de oliva, el yogur y el queso de oveja y cabra, suficientes como fuente de ácidos grasos insaturados y  saturados pero desequilibrados los últimos 25 años por el consumo excesivo de carnes grasas, mantequilla, margarina, bollería industrial, leche y productos lácteos enteros, embutidos, que muchos de ellos nunca fueron ingredientes mediterráneos tradicionales. La grasa saturada de algunos alimentos sitúan el consumo de grasas en el 42% de las calorías diarias cuando no debieran pasar del 30%, y sería necesario quemarlas con el ejercicio físico.

En la base de la moderna dieta mediterránea

Por debajo de los cereales y patatas, aparecen dos factores nuevos: beber dos litros diarios de agua, y hacer ejercicio físico como caminar 30 minutos diarios. Debiera mantenerse el aceite virgen de oliva como fuente energética y primar los platos al horno y al vapor.

Y más mesa y más cocina, que corresponden a un estilo de vida, de alegría, de placer y de comunicación entre las personas que se nos acaba por las prisas, es decir, menos hamburguesa, plato preparado y recalentado en el microondas, y más cocina de las madres y de las abuelas a su estilo.

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La población actual gasta menos dinero en comer y come menos que la de los años 50-60 y curiosamente, las clases sociales bajas están más próximas a la Dieta Mediterránea que las altas, y en las ciudades pequeñas y pueblos se come más sano que en las grandes urbes.

En la última conferencia internacional sobre la Dieta Mediterránea, se refrendó la protección que este tipo de alimentación tiene sobre el deterioro de las funciones cognitivas en el anciano o demencias seniles, fundamental para luchar contra una de las enfermedades que arrasarán en este siglo: el mal de Alzheimer.

Y falta el mensaje claro y veraz de las instituciones en orden a prevenir la obesidad, diabetes, el cáncer y  las enfermedades cardiovasculares.

Los resultados de un trabajo publicado recientemente en la edición electrónica del British Medical Jornal, muestran que las personas mayores de 60 años que siguen este tipo de alimentación –ingesta elevada de verduras, frutas, legumbres y cereales, entre moderada y alta de pescado, bajo consumo de grasas saturadas pero elevado de grasas insaturadas especialmente aceite de oliva, pocos productos lácteos y carne, y una ingesta baja de alcohol que se recomienda sea vino- tienen una esperanza de vida superior de aproximadamente cinco años más que la de un hombre de la misma edad que no lleve esa dieta.

Este estudio europeo coordinado por autoridades mundiales en alimentación mediterránea fue coordinado por la griega Antonia Trichopulov y participaron 74.607 hombres y mujeres sanos mayores de 60 años, residentes en nueve países europeos.

Ventajas:

Sabores variados en función de los países que rodean el Mediterráneo.

El régimen comprende ácidos grasos omega-3 a través de pescados, frutos secos, granos y legumbres.

Consumo de derivados lácteos, sobre todo queso y yogur, en cantidades moderadas.

Gran variedad de frutas y verduras con índice glucémico bajo y muchas fibras, fitoquímicos y antioxidantes.

Alimentos frescos y pocos transformados.

Preparación sencilla y tradicional de los platos en contraste con la cocina japonesa.

Inconvenientes

Bajo consumo de hierro en niños y mujeres gestantes.

También consumos bajos de calcio.

La nueva dieta mediterránea (1ª parte)