Radioactividad en alimentos

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La radioactividad en los alimentos. Hice la tesis doctoral hace muchos años sobre “Control de radionúclidos en los alimentos”, empecé con Gimeno Alfós en el Hospital de Basurto, y terminé en Sarclais-París. Luego vino Chernóbil con las setas y otros alimentos en Francia y en Europa contaminados y la idea clara de que convivimos con las radiaciones e incluso que se ha conseguido “domarlas” en nuestro beneficio, y ahí están la medicina nuclear y las radiografías.

Pero otra parte, la peligrosa viene de la fisión del uranio-235, plutonio -239, la bomba nuclear que es la que causa más daño, y los productos resultantes de las emisiones radiactivas consecuencia de la fisión nuclear el cesio-137, yodo-131 y estroncio-90, que si se han superado los límites considerados de seguridad en el valor radioactivo y para nosotros en los alimentos, pueden causar problemas.

Los terrenos de cultivo próximos a Fukushima muestran valores de radiación excesivos por encima de 97.000 becq. y depende de la cantidad de cesio-137 acumulada porque este isótopo vive 30 años; las verduras de estas zonas, se nos dice que las espinacas tienen niveles altos de yodo-131 de 54.100 becq. cuando el límite son 2.000 y ocurre algo parecido en tomates, brócoli, apio y otros; no se debe beber leche de estos lugares porque se ha llegado a 1.500 becq. por litro cuando el límite en Japón es de 300 para los adultos y 100 para los niños.

El agua de Tokio supera los 210 becq. por litro y pueden tomarla los adultos pero no los niños ( el miedo ha hecho que las botellas de agua mineral hayan desaparecido de los supermercados) aunque como se trata de yodo-131 con una vida corta de 8 días la situación se pueda dominar; el agua del mar tomada a 100 km de la central está contaminada y los japoneses buenos consumidores de pescado, no podrán tomarlo de aquellas zonas.

Estados Unidos, Tahilandia, Singapur y otros han sido los primeros en tomar medidas y bloquear alimentos de las zonas afectadas. Los expertos dicen que llegarán elementos radiactivos a España, algunas partículas traídas por los vientos, que no tendrán efectos negativos sobre la salud, y en todos los casos los laboratorios y centros de control están preparados para detectar la radioactividad en los alimentos.